Sinodalidad, si, no, con dudas de su dimensión en los fundamentos católicos.

 Por Qué la Sinodalidad Genera un Fuerte Debate en la Iglesia Católica


1. Introducción: La Raíz de la Controversia
La "sinodalidad", un término que puede sonar técnico y lejano, se ha convertido en el epicentro de una de las controversias más profundas y polarizantes dentro de la Iglesia Católica contemporánea. Lejos de ser un simple debate sobre procedimientos, la controversia, según sus críticos, no reside en el uso de sínodos en sí mismos —asambleas de obispos que han sido parte de la historia de la Iglesia—, sino en el propósito y alcance que se les está dando.
La tensión fundamental que exponen estas voces críticas radica en una distinción clave: la diferencia entre un sínodo concebido como una herramienta para discutir estrategias pastorales prácticas y un sínodo que se transforma en un foro para debatir, cuestionar o redefinir doctrinas y enseñanzas ya establecidas por la Tradición de la Iglesia. Para ellos, el primer uso es legítimo y útil; el segundo, en cambio, representa un peligro que amenaza la propia identidad y misión de la Iglesia. Esta distinción es el punto de partida para entender los riesgos que, según sus detractores, el proceso sinodal actual entraña.
2. El Límite de la Discusión: ¿Pastoral o Doctrinal?
La distinción fundamental, articulada con gran claridad por el obispo Robert Barron, reside en la diferencia entre el "qué" y el "cómo" del diálogo sinodal. Según su perspectiva, el problema no es el método, sino la materia que se somete a discusión.
Usos de la Sinodalidad según los Críticos
Uso Aceptable (Pastoral)
Uso Peligroso (Doctrinal)
Determinar "estrategias pastorales prácticas" para cumplir la misión de la Iglesia.
Utilizar los sínodos como un foro para "debatir la doctrina".
Considerar los "medios prácticos" para que la Iglesia pueda adorar, evangelizar y servir.
Someter "enseñanzas ya establecidas" a un proceso de determinación sinodal.
Funcionar como una "herramienta buena y útil" para la gestión eclesial.
Cuando se cruza este límite, la Iglesia "degenera en el relativismo y la duda sobre sí misma".
Para ilustrar el peligro que el obispo Barron señala al enfocar un sínodo en la doctrina, se puede usar una poderosa analogía: la de un equipo de rescate. Si en medio de una emergencia, el equipo se detuviera a debatir democráticamente las leyes de la física o los protocolos médicos básicos, no solo perdería un tiempo valioso, sino que paralizaría su capacidad de actuar. De manera similar, argumentan los críticos, cuando la Iglesia se detiene a debatir sus verdades fundamentales, abandona su misión esencial de salvar almas y se sume en una parálisis introspectiva. Este "uso peligroso" de la sinodalidad da origen a críticas más específicas sobre sus consecuencias.
3. Las Tres Críticas Fundamentales al Proceso Sinodal
A partir de la distinción entre lo pastoral y lo doctrinal, los críticos del proceso sinodal exponen tres objeciones fundamentales que, en su opinión, amenazan la integridad de la fe católica.
1. Relativismo: La Verdad Reemplazada por el Sentimiento La crítica más severa es que abrir la doctrina a un debate sinodal conduce inevitablemente al relativismo. La crítica del Dr. William Anthony Thomas ahonda en la raíz filosófica de este problema, identificándola en el sentimentalismo de Jean-Jacques Rousseau. En este nuevo paradigma, ya no es posible señalar el pecado o el error doctrinal porque hacerlo podría "herir los sentimientos" de las personas. La verdad deja de ser un pilar firme para convertirse en una cuestión de percepción emocional subjetiva. Este sentimentalismo es precisamente lo que, en la práctica, conduce al "relativismo y la duda sobre sí misma" que denuncia el obispo Barron, pues la verdad revelada cede su lugar a la validación emocional.
    ◦ Analogía del Faro: Esta situación es como un faro que, en lugar de emitir una luz fija y constante para guiar a los barcos de forma segura, preguntara a cada capitán qué color o intensidad de luz le hace sentir más cómodo y bienvenido. Al hacerlo, el faro perdería su propósito fundamental: proteger a los barcos de las rocas.
2. Distracción: Un Abandono de la Misión Evangelizadora Una segunda objeción es que el inmenso enfoque en el proceso sinodal desvía a la Iglesia de su misión principal. Según el obispo Barron, la Iglesia se "distrae" de sus tareas esenciales, que son:
    ◦ Adorar a Dios
    ◦ La evangelización
    ◦ El servicio a los pobres
3. Este proceso, además, genera "expectativas que no pueden cumplirse" en temas doctrinales como el sacerdocio femenino. Esto consume una "enorme cantidad de energía" de la Iglesia en debates internos y redundantes, en lugar de enfocarla hacia el exterior para proclamar el Evangelio.
4. Falta de Legitimidad: Una Invención sin Raíces Católicas 
Finalmente, los críticos argumentan que la sinodalidad, en su forma actual, es una invención moderna que carece de fundamento en la Tradición Católica. El Dr. Thomas afirma categóricamente que no hay base para este modelo "en las Escrituras" o "en los Padres de la Iglesia". Se presenta como una ruptura, no como un desarrollo orgánico de la fe.
Estas tres críticas—relativismo, distracción y falta de legitimidad—no surgen en el vacío. Según los analistas, son los síntomas previsibles de una ideología ajena a la fe que ha sido importada a la Iglesia.


4. ¿De Dónde Viene la Idea? Los Orígenes según los Críticos
Según los testimonios analizados, el modelo actual de sinodalidad no surge de la tradición católica, sino de influencias externas bien identificadas.
4.1. El Modelo Anglicano de Justin Welby
Para comprender la génesis de esta controversia, el Dr. Thomas dirige la atención a un encuentro clave entre el Papa Francisco y Justin Welby, entonces cabeza de la Iglesia de Inglaterra. En esa reunión, Welby describió el modelo de gobierno de su iglesia, que consiste en "tomar decisiones utilizando a los laicos". Este modelo habría sido adoptado por el Papa Francisco.
Una manifestación visible de esta influencia, según la fuente, fue el cambio de nombre de las "Sagradas Congregaciones" de la Curia Romana a "Dicasterios". Aunque la palabra griega dikasterion significa tradicionalmente "tribunal" o "corte de justicia", la interpretación que los críticos creen que se promueve es la que ofrece el Dr. Thomas: "con el laicado". Este cambio terminológico simbolizaría la adopción de una estructura participativa de estilo anglicano, ajena a la tradición católica.
4.2. La Filosofía de Rousseau y "El Contrato Social"
Más allá de la estructura, la base filosófica del proceso sinodal es atribuida por el Dr. Thomas a Jean-Jacques Rousseau, a quien denomina "el padre del sentimentalismo". Sostiene que la sinodalidad es una aplicación eclesial del libro El contrato social de Rousseau, "casi página por página".
Según esta crítica, así como Rousseau reemplazó las estructuras tradicionales por la "voluntad general" basada en la opinión colectiva, la sinodalidad estaría reemplazando la autoridad de una institución divina por un consenso basado en las emociones y sentimientos humanos, dejando a Dios fuera de la ecuación.
5. Conclusión: La Identidad de la Iglesia en Juego
En última instancia, para las voces críticas presentadas, el debate sobre la sinodalidad no es una mera discusión administrativa o un ajuste pastoral. Se trata de una crisis profunda sobre la naturaleza misma de la Iglesia Católica.
El temor central es que un modelo de sinodalidad doctrinal transforme a la Iglesia, pasando de ser una institución divina, fundada por Cristo para custodiar y proclamar verdades reveladas inmutables, a una organización humana, guiada por los sentimientos cambiantes, las presiones culturales y los consensos democráticos. Desde esta perspectiva, la sinodalidad no es una renovación, sino una amenaza existencial que, como concluye un observador de estas críticas, podría "destruir la Iglesia desde dentro".
Fuentes:
Obispo Barron
https://youtu.be/BZjs8ahmAsg 
LNVS
https://youtu.be/eoypC3zGdD0
https://youtu.be/9yO_XCf1wyY




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Rosa Mística