Confusión y verdad - Dos carnes

 Estamos en unos tiempos en los que la Iglesia católica está convulsa. Qué no se quiera aceptar está bien para calmar el espíritu pero los hechos nos hablan de lo contrario.

Un sacerdote me decía ¿Cuándo ha estado sin confusión? Es cierto, los concilios donde se han tenido que aclarar cuestiones son muchos, y los teólogos que han dado verdades torcidas, también. Sin embargo, hoy existe un factor muy diferente, es internet. La mentira, la confusión se traslada a velocidades de vértigo.

La ideología de género, la revolución sexual de la sociedad iniciada a finales de los sesenta y la falta adoración al único Dios de los cristianos (los signos de adoración dentro de las iglesias católicas menguan conforme para más tiempo), hace que la Iglesia católica se parezca cada vez más a una ONG con un ideario filantrópico con resplandores a una transcendencia que está por descubrir cuando hayamos traspasado el umbral de la muerte.

Por ello, desde PerlasCristianas.com creemos que explicar cómo hemos llegado hasta aquí puede resolver muchos problemas personales y de fe personal. Verificar que todo lo que circula en la Iglesia católica es susceptible de discernimiento personal, de verificación (no científica sino espiritual) delante del sagrario.

Puede asegurar que me gustaría que estos tiempos fueran diferentes pero entiendo las palabras que mis mayores me decían cuando tenía 6  o 7 años, el Concilio estaba en pleno juego. Destruyó la Iglesia que ellos habían vivido para meterlos en una Iglesia que habla poco del Dios sagrado y mucho del hombre natural. Al fin, ese modernismo tan citado ha penetrado en el pensamiento de teólogos clérigos que en algunas ocasiones sólo demuestran que están lejos de tener una fe sólida sin conocimiento y es éste el que los soporta dentro de la misma Iglesia.

Algo dejaremos sentado, la Iglesia no es de los hombres es de Cristo, y es Él el que ha querido que vivamos estos tiempos que nos depuran en fe. Tomás necesitó la llaga, nosotros necesitábamos una iglesia con un cuerpo doctrinal claro, por contra tenemos cómo hasta el mismo Papa cuestiona con ambigüedad aspectos que para mí no hay sombras. Tengo que aceptar que él, cómo Pedro es humano y puede negar, aceptar que cómo yo, niego a Cristo con mi vida, también. 

Mientras seguimos rezando, pidiendo, orando y disfrutando de una Iglesia sacramental con adoración al Único Dios Trino que nos fortalece y nos lleva a la misma vida eterna, de la cual podemos participar desde este mismo momento.



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