Espíritu Santo en nuestra ayuda

San Pablo llama aquí “el espíritu de vuestra mente” (4:23; ver Romanos 12:2). Sólo el Dios de la misericordia puede verdaderamente hacernos nuevos desde lo más profundo por el poder del Espíritu Santo. Solo él puede transformarnos “a la semejanza de Dios en la justicia y santidad de la verdad” (4:24).

San Pablo promete que Dios realmente nos transformará si acudimos a la fuente de su amor salvador, el corazón misericordioso de Jesucristo: “Si alguno está en Cristo, nueva criatura es; lo viejo ha pasado, he aquí lo nuevo ha llegado” (2 Corintios 5:17).

Cuando nuestros corazones han sido transformados por el don de la misericordia de Dios, estamos llamados a compartirlo con nuestros hermanos y hermanas. “Salve, Corazón misericordioso de Jesús, Fuente viva de todas las gracias”, reza Santa Faustina. “Quiero ser transformado completamente en tu misericordia y ser tu reflejo vivo, oh Señor. Que el mayor de todos los atributos divinos, el de Tu insondable misericordia, pase por mi corazón y mi alma a mi prójimo”.



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