Busquemos juntos la salvación

SEGUIR A CRISTO GRITANDO EL "NOSOTROS" QUE NOS SALVA 


También hoy Jesús se está "alejando" de nuestros lugares, de los pensamientos y de los proyectos, de las costumbres y de nuestros egoísmos, para atraernos detrás de Él. Cuando se aleja es porque, como el Novio del Cantar de los Cantares, quiere cebar en nosotros el deseo de Él, para hacernos crecer hasta a la fe adulta. Nos atrae en su casa, su "familia", para entrar en su intimidad dónde los "dos ciegos" abren los ojos para reconciliarse y quererse. No es por casualidad que sean "dos": el "yo" y el "tú" que hoy no logro ver, y que por eso, hago "culpable con mis palabras." (Isaias, Primera lectura de la misa de hoy). Tú y tu mujer o tu marido, tú y tus padres, tú y el hermano, tu y todos los que crees sean responsables de tu sufrimiento. Has creído en la mentira del demonio, has pecado, y ahora no ves el amor de Dios, y por éso acusas el otro: eres ciego y por lo tanto obligado a imaginar como sean los que te rodean: habrán pensado esto, habrán dicho esto otro, habrán hecho ésta cosa.... Sólo es imaginación, sin embargo el demonio logra convencerte que sea real, y así odias, desprecias y cancelas los demas de tu vida. Aunque el otro te hubiera hecho mal de veras, tú no sufres por eso, si no por el veneno que te sale del corazón y te impide verlo en la luz de amor y misericordia que brotan de la mirada de Cristo. Sí, necesitamos todos de encontrar esta mirada, la única que puede arrancarnos de la mentira. Necesitamos caminar detrás de Cristo y gritar. No importa si hoy todavía eres ciego y tienes rencor para el hermano. Los dos ciegos del Evangelio han seguido a Jesús tal como fueron, pero han gritado juntos: ésta es la fe según la que Jesús ha podido curarlos! ¡No han gritado "ten piedad de mí!", si no "ten piedad de nosotros!". Hermanos, hoy Cristo nos llama a seguirlo tal como somos, ciegos; sabe que tropezaremos y sacudiremos contra las pilas de la luz, con el peligro de acabar bajo un coche. ¡No importa! Acoge el otro en el grito hacia Jesús. Camina detrás de El en la comunidad cristiana llevando en el corazón quien con el que sigues peleando y reprochas, al que te acercas sólo para saciarte de su cariño. Grita incluyendo en tu oracion quién ya no logras ver cómo hermano, marido, mujer, padre o madre. Basta con ésto. Te lo repito, no importa si hoy todavía estás lleno de juicios y rencores, porque no podrás querer el otro hasta a que no encontrarás la mirada de Cristo sobre de ti. Por eso Jesús nos atrae y nos lleva detrás de Él dejándonos ciegos, es decir esclavos del pecado. Él es la garantía de la salvación, porque, después del tiempo necesario, nos hará entrar a "casa" para preguntarnos: "¿creéis vosotros que yo puedo hacer éste?". Entonces descubrirás que aquel "nosotros" con que has acogido el otro en tu grito para obedecer y siguiendo Cristo en un serio camino de fe, te ha hecho crecer en ella. Entonces dirás: "si Señor", tú puedes abrirme los ojos porque ya has empezado a hacerlo abriéndome el corazón dónde has hecho, poco a poco, grito después de grito, un espacio para el otro. Puedes abrirme los ojos porque me has hecho caminar junto a quién no lograva ver, suplicando por él la misma piedad que pedì por mí. En la necesidad y en el grito ya me has abierto al otro, por éso creo que tú puedes abrirme los ojos sobre tu amor para que pueda ver a la historia y las personas en tu mirada. Y descubrir que si imaginás siempre te equivoca, mientras no te equivocas nunca cuando, con los ojos abiertos sobre Cristo, miras el otro por medio del amor con que El se ha inclinado a perdonar y resucitar los dos. Caminamos y gritamos en este Adviento, para llegar en la "casa" de Jesús, es decir el establo de Belén donde contemplar el amor infinito de Dios que toca y cura nuestros ojos para reconciliarnos con quien ha puesto a nuestro lado. ----  

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