CÓMO OVEJAS QUE SE OFRECEN PARA SACIAR CON EL AMOR DE CRISTO LOS LOBOS QUE SÓLO CONOCEN EL ENGAÑO DEL DEMONIO


El mundo se muere de hambre. En "cada ciudad y lugar" todos tienen una urgente necesidad de los discípulos de Jesus, como los "lobos" que vagan famélicos en busca de comida necesitan de los corderos. 

El mundo yace en las tinieblas del pecado, las personas que encontramos cada día son lobos hambrientos, sobre sus dientes cuela la concupiscencia; con tal que saciar el vacío y la soledad están devorando familia, hijos, quienquiera, también la misma vida. Sólo un "Cordero degollado" qué se ofrece humilde puede saciarlos; es decir, sólo un amor como el suyo que llega "hasta" al final, allí dónde se hacen insoportables los calambres del hambre.  

Embajadores "enviados delante" del Cordero, los discípulos no pueden que ser corderos, humldes e indefensos como Él, "sin bolso ni alforja y calzares." La Iglesia, heredera de los "72" ancianos colaboradores de Moisés, cumple a su misión en el "desierto" del mundo con la sola sabiduría de la Cruz. Bien fundados sobre ella que nos ha salvado, también nosotros somos enviados a ofrecernos "como corderos entre los lobos." 

Los novios como corderos a las propias novias, para apagar en la entrega, en el respeto y en el sacrificio los ardores de la lujuria; los padres como corderos a las rebeliones y a la inmadurez de los hijos, para educarlos transmitiéndoles la fe en la verdad y en la misericordia. 

Y así los esposos el uno al otro, los profesores a los estudiantes, los pastores al rebaño.  Somos enviados a "curar" a los colegas, los amigos, los parientes "enfermos", empujádos con amor hasta al umbral de sus "casas", a aquellos fragmentos de vida dónde el miedo de la muerte los empuja a hacerse lobos; hasta dentro de sus "ciudades", para "comer" y tomar sobre de nosotros el dolor "que nos ponen delante" como comida, sin juzgar, porque "el Médico ha venido de los enfermos, para curarlos comiendo con ellos" (San Pedro Crisologo). Cómo "paraninfos" somos enviados a buscar a los "hijos" de la Paz y conducirlos al Príncipe de la Paz sus legítimo Novio. Como a Gubbio aquel día San Francisco se hizo entender del lobo con palabras de misericordia que supieron amansarlo, así con nuestro anuncio y en nuestra vida se hace "cercano" a cada hombre el "Reino de Dios", dónde Cristo sacia con su amor el hambre de todos. -- 


 Lectura del santo evangelio según san Lucas (10,1-9): En aquel tiempo, designó el Señor otros setenta y dos y los mandó por delante, de dos en dos, a todos los pueblos y lugares adonde pensaba ir él. Y les decía: «La mies es abundante y los obreros pocos; rogad, pues, al dueño de la mies que mande obreros a su mies. ¡Poneos en camino! Mirad que os mando como corderos en medio de lobos. No llevéis talega, ni alforja, ni sandalias; y no os detengáis a saludar a nadie por el camino. Cuando entréis en una casa, decid primero: "Paz a esta casa." Y si allí hay gente de paz, descansará sobre ellos vuestra paz; si no, volverá a vosotros. Quedaos en la misma casa, comed y bebed de lo que tengan, porque el obrero merece su salario. No andéis cambiando de casa. Si entráis en un pueblo y os reciben bien, comed lo que os pongan, curad a los enfermos que haya, y decid: "Está cerca de vosotros el reino de Dios."» 


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