Tesoro en el Cielo

P. Antonello Lapicca



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https://youtu.be/kIMZ_7YILf0

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LA ESCUCHA DE LA PALABRA EN LA IGLESIA PURIFICA NUESTRO CORAZÓN DE LA IDOLATRÍA DONÁNDONOS OJOS DE FE SOBRE LA HISTORIA

"El Candil del cuerpo es el ojo; si tu ojo está claro, todo tu cuerpo estará en la luz": Jesus nos revela aquí otro trato distintivo del cristiano. Los Hijos de la Luz, en efecto, iluminados por la Pascua que los ha sustraído a la muerte y los ha sentado en el Cielo con Cristo para vivir sobre la tierra su vida, revelan con la mirada y el cuerpo un corazón repleto de amor. Pero si no hemos hecho nunca Pascua con Cristo, si no nos hemos sentido perdonados y queridos tal como somos, si lo hemos olvidado renunciando de hacer memoria de el y su amor en la liturgia y en el camino con la Iglesia, entonces es imposible tener una mirada luminosa, seguiremos acumulando tesoros por la corrupción de la tierra. Los esfuerzos, el trabajo, las relaciones, si no son para el Cielo, son irremediablemente para la tierra, o bien para la corrupción. Quien viva para si mismo, sólo por esta vida, ya es roído por los gusanos, y los ladrones ya estan a la puerta listos para descerrajar, mientras que la mirada como aquella de Cain, se hace torcida. Y las palabras y los gestos se empapan de rencores y de tristeza. Y así "tu ojo se pone enfermo", señal que todo tu cuerpo es "tenebroso". Por eso no podemos acumular tesoros en el Cielo, no podemos vivir es en la gratuidad, porque quién acumula por la tierra vive en el miedo del ladrón y el orín, y tiene que defenderse. Quizás el demonio nos haya engañado de nuevo cerrando el Cielo. Entonces non podemos acumular nuestros tesoros en un lugar que no conocemos o que no recordamos. ¿Quién confiaría su dinero a un banquero desconocido y de que no puede tener confianza? ¡Pues Jesús, invitándonos a "acumular tesoros en el Cielo" está diciéndonos de tener fe en El! De acogerlo hoy, porque en las palabras de este Evangelio aparece una vez más Jesus, que ha acumulado en el Cielo el tesoro más precioso, cada uno de nosotros, tu y yo.
Sí, nosotros somos para Jesús más preciosos de el mismo, de su misma naturaleza divina. Se ha desvestido para asumir la naturaleza de siervo. Se ha humillado para tomarnos en las profundidades de la Tierra donde hemos acumulado nuestros tesoros y enterrado las Gracias y la primogenitura, los hermanos y los bienes que nos habian donados. Ha humillado a si mismo hasta la muerte más infamante, para que ninguna infamia, la que estamos padeciendo hoy y nos obscurece la mirada, pudiera dañarnos más. Nos ha hecho su tesoro para convertirse en nuestro tesoro. Con los clavos de la Cruz nos ha sellado en su corazón, para que nosotros pudiéramos acogerlo en nuestro corazón. Nos ha cogido de los abismos de la muerte para reconducirnos en el Cielo. Nos ha perdonado y nos perdona para reconducir también todos nuestros tesoros en el Cielo, dónde "ni polilla ni orín consumen, y los ladrones non descerrajan y no roban." Allí arriba ha depuesto nuestro matrimonio, a la derecha del Padre también hoy hará sentarse a tus hijos, en la incorruptibilidad de su amor. El tesoro de Cristo ora está en los Cielos, tu y yo y cada fragmento de nuestra vida. ¿Cómo no acoger a Cristo como nuestro tesoro más precioso y confiarle todos los otros para qué custodie ellos en sus Cofres Celestes? Claro, es difícil, imposible al hombre atraído por la tierra ...
Pero existe la Iglesia, nuestra Madre. Como Maria nos enseña un meditar y custodiar en el "corazón" todo lo que no comprendemos, también los tesoros que el demonio querría robarnos. En ella nos descubrimos de nuevo amados por Dios, y todavía podremos renacer como ciudadanos del Cielo llamados a dispensar Misericordia con una mirada Celeste y paz sobre quienquiera llame a nuestro corazón; de gratis hemos recibido, de gratis le devolvemos a Dios. Marido, Mujer, suegra, colega, todos son los "Tesoros" confiados a nuestras curas para que sean "acumulados en el Cielo." Cada día es una obra abierta donde la Cruz que nos espera es la grúa por el que levantar hacia al Cielo nuestro prójimo. Hermanos, quién ha sido liberado de la avaricia es una gota de agua pura y transparente que refleja la Patria de la Libertad. Purificados al manantial, nuestra mirada será, como aquella de San Esteban bajo la espesa pedrea, una mirada de angel que contemplava el Tesoro en el Cielo, un reflejo de la suerte verdadera que espera cada hombre; viviendo en la luz de la Pascua, seremos capaces también de fijarnos con paz y fe en las piedras que el demonio nos arrojará contra, porque quién tiene el "tesoro en el Cielo", no sólo non teme de apartarse de la "tierra", sino que deseará ardientemente de partir para gustar su delicias eternamente y plenamente.

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Lectura del santo evangelio según san Mateo (6,19-23):
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «No atesoréis tesoros en la tierra, donde la polilla y la carcoma los roen, donde los ladrones abren boquetes y los roban. Atesorad tesoros en el cielo, donde no hay polilla ni carcoma que se los coman ni ladrones que abran boquetes y roben. Porque donde está tu tesoro allí está tu corazón. La lámpara del cuerpo es el ojo. Si tu ojo está sano, tu cuerpo entero tendrá luz; si tu ojo está enfermo, tu cuerpo entero estará a oscuras. Y si la única luz que tienes está oscura, ¡cuánta será la oscuridad!»

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