Padre Nuestro, orar como hijos redimidos

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P. Antonello Lapicca
Original sin modificar

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LOS HIJOS DE DIOS NO DESPERDICIAN LAS PALABRAS PORQUE' OFRECEN AL PADRE COMO UNA ORACION TODA SU VIDA PERDONADA 

Un cristiano ruega en la intimidad, pero nunca solo. No es un oxímoron hermanos, porque Jesús no ha enseñado el "Padre mio " si no el "Padre nuestro"; la oracion de los hijos de Dios, en efecto, es aquella de sus hermanos rescatados en su sangre. Por esto, también cuando estamos solos, rogamos bien conexos con la comunidad cristiana. Pues, dime como ruegas y te diré quien eres, un hijo de Dios o un "pagano." Preguntémosnos hoy si vivimos de hijos renacidos con Cristo nuestro primogénito, o como huérfanos errantes en el mundo "complaciéndonos" de nuestras mismas palabras cuyo "pastor" es la muerte, como recita el salmo. Para descubrirlo basta con escrutar nuestra oracion: aquella llena de palabras "desperdiciadas" es típica de quien se siente traicionado, inútil, despreciado, olvidado al borde de la historia que cuenta, de las elecciones importantes, e intenta, con las palabras, de hacerse notar y de ser importante. En la relación con Dios, como en aquella con los otros, el centro soy yo. Mis palabras se espesan para afirmarme y doblar Dios para que haga lo que le deseo y pido. 

La Virgen Maria, en cambio, siempre silenciosa, ruega con pocas palabras, que podrían ser la síntesis del Padre Nuestro: "Aquí estoy, se cumpla en mí según tu Palabra." Maria, en efecto, creia que Dios sabia lo qué necesitava, y en aquel entonces necesitava ser Madre de Jesús porque todo nosotros necesitavamos Él; era su misión, y por eso Inmaculada y llena de Gracia. Desaforadamente, nuestras "muchas palabras" en la oracion señalan una vida de rodillas delante de los hombres y las cosas, porque postrada delante de nuestro ego; "como los paganos": mucho dioses, ningún Padre. Por esto, el Padre Nuestro, es ante todo una Buena Noticia: no somos huérfanos, somos hijos del Padre Nuestro que está en el Cielo. Y podemos conocerlo. He aquí porque en la Iglesia primitiva el Padre Nuestro fue un arcano revelado muy adelante en el camino catecumenal. Hacia falta haber hecho experiencia de la paternidad de Dios. Sólo después haberle conocido la Iglesia "entregava" esta oracion como una perla preciosa, porque atravez de ella se pide al Padre de hacer vivir como hijos que, en Jesús, entran en la historia, porque ella ya no es un campo de batalla donde odiar a los enemigos si no el lugar donde experimentar la paternidad de Dios. El Padre Nuestro es la oracion de quien sabe que la historia es un camino de conversión y vuelta a la casa del Padre. Quien ha conocido el Padre ha experimentando que Él "sabe lo qué necesita antes que se lo pida" y por eso rezará no más para conseguir algo si no para acoger todo lo que Él ya ha establecido donarle por su bien. Porque un hijo cuando ruega abre si mismo como un cachorro abre la boca para recibir la comida que no puede procurarse solo.

Por eso nos ha acogido una Madre que nos enseña la fe de Maria con que creer que "nuestro Padre sabe que necesitamos" que esté vivo en nosotros su Hijo, porque el mundo necesita ver resplandecer su imagen y su amor en nosotros hijos suyos. ¡Y eso ocurre en el "secreto" de la comunidad, la "habitación más íntima" dónde el Padre "ve" nuestro corazón para expulsar de ello a los demonios que nos encadenan al miedo y derramar el Espíritu Santo que nos hace hijos en el Hijo y que grita en nosotros "Abbà, Papá!". Necesitamos una comunidad cristiana concreta dónde escuchar la Palabra de Dios y acercarnos a los sacramentos para experimentar de ser hijos de Dios juntos a nuestros hermanos. Como ha sido para Jesús en el Getsemani, donde su Abbà ha atraido hacia a Dios, misteriosamente, filas de hombres. 

Por esto el Padre Nuestro es la primera misión confiada a la Iglesia: tener en el corazón a cada hijo de nuestro Padre, cada nuestro hermano, hasta a aquellos desaparecidos en las mentiras del mundo. Para ellos Jesús ha derramado su sangre. Para ellos son las palabras de la oracion de los cristianos: ellas invocan que el "Nombre de Dios sea santificado" en nuestras existencias, para que se vea "el Cielo en la tierra" en las obras que Dios cumple en cada uno, para que los paganos lo conozcan y le dean gloria; suplican "la llegada del Reino" en el que vivir como hijos del Rey, reinando sobre el dinero y sobre los ídolos mundanos, para testimoniar a todos que existe la vida eterna; desean el cumplimiento de la voluntad de Dios en su vida como ocurre en el Reino de los Cielos. Ruegan para que la Iglesia entre cada día con todos sus hijos donde el mundo no puede, bajando hasta el último sitio así cerca de la muerte. Por eso las del Padre Nuestro son las palabras de quien tiene hambre del "pan cotidiano", lo único "sustancial", capaz de alimentar la vida divina. No hay, en efecto, para los cristianos, que "la comida de que se ha alimentado Jesús", o sea cumplir sobre la Cruz la obra que le ha sido confiada, "perdonar" las deudas de los enemigos para enseñar al mundo la misericordia del Padre. Por éso tiemblan frente a las "tentaciones" ruegan al Padre de tener piedad de ellos y no los induzca en tentación, sino - es muy importante este "sino" - que los liberas "del mal." Han, en efecto, aprendido a conocerse aceptando su propia debilidad, y saben que no se puede vivir como hijos de Dios y combatir contra las tentaciones sin estar "libres" del mal que el demonio no deja de querer transmitir para hacer vana la salvación.



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