La liturgia como flecha salvadora

Hoy se presenta el Evangelio con esta primera lectura y un salmo que dejan patente que la antigua alianza se selló con el Hijo de Dios, Jesús Hombre y Dios verdadero.

Homilía del Papa Francisco en Santa Marta
Jueves 28 de febrero de 2019

Detenerse, tomar conciencia de los propios fracasos, saber que el fin puede llegar de un momento a otro y no vivir repitiendo que la compasión de Dios es infinita, como justificación para hacer lo que sea. Son consejos que el Libro del Eclesiástico (5,1-10) nos recuerda hoy, llamándonos a cambiar el corazón, a convertirnos al Señor.

La sabiduría es algo de todos los días, nace de la reflexión sobre la vida y de pararse a pensar cómo se ha vivido. Viene al escuchar las sugerencias, como las del Eclesiástico, que se parecen a las indicaciones de un padre a un hijo, de un abuelo al nieto. No sigas tus instintos, tu fuerza, secundando las pasiones de tu corazón. Todos tenemos pasiones. Pero está atento, domina las pasiones, tómalas de la mano. Las pasiones no son malas; son, digamos así, la “sangre” para llevar adelante tantas cosas buenas,pero si no eres capaz de dominar tus pasiones, serán ellas las que te dominen. ¡Párate, detente!

La vida pasa. Un verso dice: “Ayer pasé y vi a un hombre; hoy volví y ya no estaba”. No somos eternos, no se puede pensar en hacer lo que nos dé la gana, confiando en la misericordia infinita de Dios. No ser tan temerario, tan arriesgado de creer que te librarás. “Ah, hasta ahora me he librado, y seguiré así…”. No. Te has librado, sí, pero ahora no lo sabes… No digas: “La compasión de Dios es grande, me perdonará mis muchos pecados”, y así sigo adelante haciendo lo que quiero. No digas eso. El último consejo de este padre, de esto abuelo: “No tardes en convertirte al Señor”, no esperes a convertirte, a cambiar de vida, a perfeccionar tu vida, a arrancar la mala hierba, que todos tenemos: ¡arráncala! “No tardes en convertirte al Señor, ni lo dejes de un día para otro, porque de repente la ira del Señor se enciende, y el día del castigo perecerás”.

“No tardes en convertirte”: esa es la invitación de hoy, no dejar el cambio de nuestra vida, tocar los fallos y fracasos que todos tenemos, no asustarse nunca, ser más capaces de dominar los que nos apasiona. Hagamos este pequeño examen de conciencia cada día, para convertirnos al Señor: “Mañana procuraré que esto no vuelva a pasar”. Pasará, quizá, un poco menos, pero has logrado gobernar tú y no ser gobernado por tus pasiones, por tantas cosas que suceden, porque ninguno está seguro de cómo ni cuando acabará su vida. Esos cinco minutos al final del día nos servirán, nos ayudarán mucho a pensar y a no retrasar el cambio del corazón y la conversión al Señor. Que el Señor nos enseñe con su sabiduría a ir por ese camino.

Eclesiástico 5,1-10:

No confíes en tus riquezas ni digas: «Soy poderoso»; no confíes en tus fuerzas para seguir tus caprichos; no sigas tus antojos y condiciones ni camines según tus pasiones. No digas: «¿Quién me podrá?», porque el Señor te exigirá cuentas; no digas: «He pecado, y nada malo me ha sucedido» porque él es un Dios paciente; no digas:«El Señor es compasivo y borrará todas mis culpas.» No te fíes de su perdón para añadir culpas a culpas, pensando: «Es grande su compasión y perdonará mis muchas culpas»; porque tiene compasión y cólera, y su ira recae sobre los malvados. No tardes en volverte a él ni des largas de una día para otro; porque su furor brota de repente, y el día de la venganza perecerás. No confíes en riquezas injustas, que no te servirán el día de su ira.

Salmo

Sal 1 R/. Dichoso el hombre que ha puesto su confianza en el Señor

Dichoso el hombre
que no sigue el consejo de los impíos,
ni entra por la senda de los pecadores,
ni se sienta en la reunión de los cínicos;
sino que su gozo es la ley del Señor,
y medita su ley día y noche. R/.

Sera como un árbol
plantado al borde de la acequia:
da fruto en su sazón
y no se marchitan sus hojas;
y cuanto emprende tiene buen fin. R/.

No así los impíos, no así;
serán paja que arrebata el viento.
Porque el Señor protege el camino de los justos,
pero el camino de los impíos acaba mal. R/.

Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Marcos 9,41-50

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «El que os dé a beber un vaso de agua, porque seguís al Mesías, os aseguro que no se quedará sin recompensa. El que escandalice a uno de estos pequeñuelos que creen, más le valdría que le encajasen en el cuello una piedra de molino y lo echasen al mar. Si tu mano te hace caer, córtatela: más te vale entrar manco en la vida, que ir con las dos manos al infierno, al fuego que no se apaga. Y, si tu pie te hacer caer, córtatelo; más te vale entrar cojo en la vida, que ser echado con los dos pies al infierno. Y, si tu ojo te hace caer, sácatelo; más te vale entrar tuerto en el reino de Dios, que ser echado con los dos ojos al infierno, donde el gusano no muere y el fuego no se apaga. Todos serán salados a fuego. Buena es la sal; pero si la salva se vuelve sosa, ¿con qué la sazonaréis? Que no falte entre vosotros la sal, y vivid en paz unos con otros.»

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