MARÍA, MADRE DE LA IGLESIA

Pablo VI escribió una exhortación apostólica de una riqueza grande para el pueblo cristiano.

Lo más importante de la misma es que con la delicadeza de Pablo VI en sus textos atrae a la Madre de Dios de forma sencilla pero con base en la riqueza bíblica.

Fue el propio Pablo VI quien instituyo este día, el primer lunes tras la fiesta de Pentecostés, la fiesta de María, Madre de la Iglesia.

Lumen Gentium se presenta en el capítulo VIII toda la riqueza de la Iglesia posee al tener a la Virgen como madre desde el inicio de la misma comunidad cristiana.
http://www.vatican.va/archive/hist_councils/ii_vatican_council/documents/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html


------Texto tomado de EXHORTACIÓN APOSTÓLICA MARIALIS CULTUS DE SU SANTIDAD
PABLO VI PARA LA RECTA ORDENACIÓN Y DESARROLLO DEL CULTO A LA  ANTÍSIMA VIRGEN MARÍA---------------

La piedad hacia la Madre del Señor se convierte para el fiel en ocasión de crecimiento en la gracia divina: finalidad última de toda acción pastoral. Porque es imposible honrar a la "Llena de gracia" (Lc 1, 28) sin honrar en sí mismo el estado de gracia, es decir, la amistad con Dios, la comunión en El, la inhabitación del Espíritu. Esta gracia divina alcanza a todo el hombre y lo hace conforme a la imagen del Hijo (cf. Rom 2, 29; Col 1, 18). La Iglesia católica, basándose en su experiencia secular, reconoce en la devoción a la Virgen una poderosa ayuda para el hombre hacia la conquista de su plenitud. Ella, la Mujer nueva, está junto a Cristo, el Hombre nuevo, en cuyo misterio solamente encuentra verdadera luz el misterio del hombre, (124) como prenda y garantía de que en una simple criatura —es decir, en Ella— se ha realizado ya el proyecto de Dios en Cristo para la salvación de todo hombre.

Al hombre contemporáneo, frecuentemente atormentado entre la angustia y la esperanza, postrado por la sensación de su limitación y asaltado por aspiraciones sin confín, turbado en el ánimo y dividido en el corazón, la mente suspendida por el enigma de la muerte, oprimido por la soledad mientras tiende hacia la comunión, presa de sentimientos de náusea y hastío, la Virgen, contemplada en su vicisitud evangélica y en la realidad ya conseguida en la Ciudad de Dios, ofrece una visión serena y una palabra tranquilizadora: la victoria de la esperanza sobre la angustia, de la comunión sobre la soledad, de la paz sobre la turbación, de la alegría y de la belleza sobre el tedio y la náusea, de las perspectivas eternas sobre las temporales, de la vida sobre la muerte.

El culto de María.

  http://w2.vatican.va/content/paul-vi/es/apost_exhortations/documents/hf_p-vi_exh_19740202_marialis-cultus.html



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