Sábado Octava de Pascua

Comentario P. Antonello Lapicca

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CRISTO RESUCITADO CORRIGE CON AMOR EL CORAZÓN ENDURECIDO PARA ABRIRLO A LA FE Y EMPUJARNOS EN LA MISIÓN

También hoy es por nosotros el alba de un nuevo día, la aurora de una vida nueva. Nuestra vida como aquella de Maria de Magdalena, es una semana de pecados: siete, y no falta ninguno. Siete demonios, la plenitud de los demonios, según el sentido de este número en la Escritura. Maria experimentó el tiempo sin Cristo, la dura ley de esclavitud de quien está obligado a servir a un dueño que no deja salvación. Siete demonios, siete vicios, pecados capitales. Aristóteles los describió cómo "los vestidos del mal": soberbia, avaricia, lujuria, envidia, gula, cólera, acidia. Jefe de los jefes la soberbia, la idolatría del ego; la vida del Madalena como la vida de cada uno de nosotros, estuvo sometida a su propio ego, a satisfacer todas sus ganas. Dónde también el amor no es otro que un sentimiento refractivo, narcisístico, también cuando toca el ámbito espiritual. El sufrimiento del hombre es todo encerrado en este innatural cierre sobre si mismo, que mancha también el impulso más auténtico de entregarse. Maria ha encontrado Cristo, y su vida ha cambiado; Maria ha sido liberada de las cadenas de los demonios, ha llegado a ser una criatura nueva, primicia e imagen de cada hombre renovado por el poder de Cristo resucitado. Por éso Cristo les aparece por primera, como a sellar, en una profecía, cuánto habia cumplido en ella. 

Combatió y venció; destruyó el dragón de las siete cabezas, inauguró el camino en una vida nueva, y Maria fue la primera discípula a encaminarse en aquella nueva semana. ¡Hay en efecto un día, el primero después del sábado, en el cual todo se hace nuevo, definitivamente nuevo, el día de Maria de Magdala, el día en el que ha visto "surrexit Christus spes mea!, resusucitado Cristo mi esperanza." La esclava experimentó la esperanza que no decepciona, en el perdón y en la libertad. Ahora es ella a correr y a anunciar que su experiencia era ya un regalo accesible a todos, que la puerta de la libertad habia sido abierta para siempre: Cristo mi esperanza ha resucitado, todo ha sido auténtico, verdadero el perdón, verdadero su amor, verdadera esta vida liberada de los siete demonios. Verdadera y autentica la esperanza, y era para todos, sus hermanos, los apóstoles, para cada hombre, para nosotros hoy.

Pero en la sociedad de hace dos mil años, una mujer no tenia alguna autoridad, su testimonio no tenia valor. Pero, sobre todo, el corazón de los Once, por el luto y el llanto, estavan endurecidos, no podian escuchar la voz del Amado en las palabras apasionadas de Maria. Así un corazón no puede creer en el anuncio sobrecogedor de Maria: ella representa, a los ojos de la carne, un pasado todavía no resuelto, una esperanza destrozada, la pecadora perdonada pero no salvada, una herida cicatrizada mientras el morbo malvado todavía está vivo, porque El que la perdonó yacia muerto en una tumba y con Él la salvación y el rescate definitivo. El Maestro ha muerto, también ha muerto con Él la misericordia, y el anuncio de Maria no es otro que un desvarío de quién no sabe resignarse a la evidencia, la pasión de una mujer infatuada. Como nosotros, obstinados en pensar que el matrimonio continuará así, que aquel hijo se perderá cada vez más, que no sabré amar nunca, que continuaré a ofrecer todo a mí mismo en un egoísmo insaciable. Los siete demonios son más fuertes, lo han sido hasta a hoy... 

Pero hoy es un nuevo día, hoy Jesus aparece a cada uno de nosotros e ilumina nuestro corazón endurecido, y lo desata en su amor. Hoy para nosotros es el día del perdón, el principio de una nueva semana, de una vida absolutamente nueva. Y una vida inmersa en la misericordia es un anuncio, como la de Maria. Y, como ella, también los Once han sido enviados a proclamar la Buena Noticia a cada corazón endurecido, en luto y en llanto; y nuestra vida como la de Maria, transformada en el horno del amor de Cristo, es un Evangelio viviente; es el propio Cristo que aparece, vivo, a cada hombre. Lo es naturalmente, en fuerza de su amor más obstinado de nuestra obstinación, más duro que nuestra dureza; lo es por la evidencia de su resurrección que nos abraza mil veces, sin juzgarnos, esperanza encarnada en nuestras vidas renacidas, primicias del Cielo. ¿Entendéis? ¡Jesús "regaña" sí los apóstoles, pero luego los manda a anunciar el Evangelio! ¿Quién de nosotros haría el mismo con su hijo? Es el misterio de un amor más fuerte de la duda, de los pecados, de los errores, e incluso "corregiendo" con la Verdad, incluso iluminando la realidad de cada uno, no desprecia ni rechaza a nadie, más bien. El amor que se consagra y transforma un debil y cobarde en un apóstol. Ésta es la Pascua, el antídoto al veneno de la dureza de corazón, de la incredulidad y de la desesperación. Tú, hoy, tal como eres, alcanzado por Cristo resucitado, perdonado e inundado de su vida, tú serás un apóstol, un testigo, un mártir de Cristo. Y así tu hijo perdido en la droga y cualquier hombre al que Cristo aparece victorioso por el anuncio de la Iglesia. Qué misión tenemos, hacer resucitar los traidores en una fidelidad hasta a la muerte. Ánimo entonces porque donde aparezca el amor, aparece Cristo; y dónde Cristo resucitado aparece se hace visible la esperanza, para todos.

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https://youtu.be/-UWug4A2GtU

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