Miércoles Santo

Te invito a escuchar el comentario de este miércoles Santo y redentor.

P. Antonello Lapicca

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OTRO COMENTARIO
https://youtu.be/nPhi55XUh-Q

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CRISTO SE ENTREGA A NOSOTROS PARA ENTREGARSE EN NOSOTROS

Hay un tiempo por cada cosa, nos reprocha severa la sabiduría del Qoelet. Un tiempo favorable para ser entregado, cumplir la misión, realizar la obra asignada, y dar así sentido y plenitud a la vida. La traición de Judas señala la llegada del momento. Es próximo, y Jesús lo sabe, y por esto se ofrece libremente. ¿Cuántos de nosotros en la traición del amigo más querido reconocen el propio momento, el "top" de la vida? ¿Cuántos vislumbran en la entrega de si mismos lo mejor que pudiera ocurrir, el instante propicio, "eukairôs" según lo original griego, para realizar completamente la propia existencia? ¡El momento favorable coincide con el lugar donde la Pascua está preparada! El tiempo de Jesús también es su lugar, y es el nuestro. 

Ciertamente, alguien concreto que se llama Judás o Caifa traiciona a Jesús, lo entrega y lo mata, pero sólo es el aspecto visible del hecho. En la sombra, escondido a los ojos de la carne, corre una trama que tiene para protagonista al propio Jesús: "Cuando, pensamos en el papel negativo desarrollado por Judas tenemos que insertarlo en la superior dirección de los acontecimientos de parte de Dios. Su traición ha conducido a la muerte de Jesús, el que transformó este terrible suplicio en espacio de amor salvador y en custodia de si al Padre. El Verbo "traicionar" es la versión de una palabra griega que significa "entregar." A veces su sujeto es hasta Dios en persona: ha sido él que por amor "entregó" Jesús para todo nosotros. En su misterioso proyecto salvador, Dios asume el gesto imperdonable de Judas como ocasión del don total del Hijo por la redención del mundo" (Benedicto XVI). 

En la Pasión es Jesús que conduce los acontecimientos. Su amor lo lleva a atraer a si, a "hacer mojar en el propio plato la mano" del propio asesino. Es el amor, sine glosa. Ello brota, maduro, en la plenitud del tiempo, en el momento favorable establecido por el Padre. Y se convierte en salvación de cada uno de nosotros. He aquí la vida de Jesús, la misma lista para nosotros que a Él pertenecemos. Caminar en los días en espera del momento favorable para ser entregados. Para donarnos a quién está a nuestro lado y reclama nuestra vida: marido, mujer, hijos, amigos; a Judas que nos vende a la muerte. Justo a los que mojan su mano en nuestro plato, nuestros íntimos, los nuestros queridos. 

Éste es el sentido de nuestra vida: saber que también hoy "uno nos traicionará", y por esto no esperarnos del otro nada diferente de lo que nosotros le hemos hecho a Cristo: incomprensiones, persecuciones, celos. Y así la vida será un camino que, como una línea roja de amor, unirá los momentos favorables en los que donarnos a Cristo, y en Él ofrecer todo nosotros mismos a cada hombre, como Jesús ha hecho para nosotros. En Él transformados, en Él entregados. 

Es la vida verdadera y riada, son la belleza y la alegría, es el eterno amor en nosotros que nos hace Pascua viva para cada hermano. Nuestra vida desatasca de la "profunda conmoción" de Jesús delante de cada traición, porque adulterando y despreciando la propia vocación, la propia humanidad, se traiciona Cristo. Cada instante echado lejos de Él significa traicionarlo, y, en cada instante echado o inmerso en el pecado, siempre hay la conmoción de Jesús. Una vida llena de compasion, he aquí la vida de Jesús, y nosotros somos sus lágrimas esparcidas por amor. Sólo necesitamos alguien que nos indique dónde preparar la Pascua. No podemos prescindir de la Iglesia, de los pastores y de los catequistas que nos conduzcan a la comunidad, el lugar dónde, mientras Judas vende a Jesús, podemos nutrirnos de la vida de Cristo y aprender a ofrecernos. Porque sin Cenáculo no hay Pascua.

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