Jn 7,40-53 Jesús te habla, no le des la espalda.

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NADIE NOS HABLA COMO JESUS
La Cuaresma nos está enseñándo que siempre hay cerca o dentro de nosotros el enemigo de Jesús que nos avisa continuamente a no hacernos "engañar" así de este profeta, e inducirnos a "meter a la carcel" su obra por medio de la "división" acerca de la identidad del Señor. El demonio nos tienta y nos engaña sobre Jesús encarnado en el hermano; insinuándonos la duda que se pueda hacer carne justo en aquella relación difícil, nos sustrae el lugar de la comunión donde Cristo se hace carne en la nuestra para conducirnos al perdón y al amor. 
Detrás de cada vez que "volvemos cada uno a su casa" hay la firma de la mentira satánica. Para derribar el muro de la división hizo falta que nos fuera dirigida la misma Palabra que nos ha creado a imagen y semejanza de Dios en la comunión. Las palabras que necesitavamos no podian caer demasiado lejos del Cielo, pero tampoco podian ser tan humanas de parecerse a las de que seríamos capaces también nosotros. Tuvieron que ser las palabras de Jesús, cuya divinidad fue celada en la debilidad de una carne como la nuestra. 
Él es la "Palabra hecha carne que ha venido a habitar entre nosotros" en el seno de Maria y en aquello de un Pueblo, donde ha empezado a "aprender de las cosas que ha padecido" a conjugar la Palabra del Padre en una palabra humana: asumiendo nuestra carne ha hecho suyo nuestro lenguaje, para hacer de ello el vestido de la Palabra de Dios. ¡Por eso "nunca un hombre ha hablado como este hombre habla!": ningún filósofo o político, ninguna madre y ningún padre, ningún novio, ningún cura. 
Sólo sus palabras revestidas de nuestra debilidad pudieron hacer llegar su poder hasta al fondo del corazón del hombre pecador y transformarlo. Por eso, sólo los que estaban considerados "malditos" a los ojos de los jefes y de los inteligentes, de los religiosos y de los moralistas, pudieron escucharla y ser salvados. Su incapacidad de observar la Ley y cumplir todas las reglas de la Tradición estava bajo los ojos de todos, no podian esconder la impureza del corazón bajo el manto de una fidelidad hipócrita y exterior. Mientras justo para estos malditos Jesús se ha hecho maldición. 
También por quién, hoy, sufre porque se cree maldecido por una historia que no acepta. ¿Y tú, te sientes maldito? ¿Piensas que la suerte se ha encarnizado contra ti? Si es así, significa que estas todavia muy engañado, y no te das cuenta que desde mucho tiempo has expulsado Dios de tu vida, y por esto estás juzgándote y despreciando, mientras juzgas indudablemente a alguien como maldito, es decir incoherente, quebrado, perdido. Y es esta la verdadera maldición, no ver a Dios en lnuestra propia vida. 
Pero ánimo, Jesús, el Hijo de Dios, ha tomado tu carne para que la maldición recayera sobre la suya. El hijo de José, el carpintero, "viene de Nazaret" para ti; es decir que viene de tu misma historia, dónde, silenciosamente y por largo tiempo, te ha sido cerca compartiendo todo de ti excepto el pecado.
Él ha nacido en tu mediocridad, en la irrelevancia de tu trabajo, en lo gris de tu debilidad, en tu enfermedad. Él ha vivido a Nazaret, en la Galilea lejana de Jerusalén, para decirte que te ha sido cerca en tus comprometidos paganos, en tu vida bien lejana del Templo y de su santidad, sin juzgarte; ha tenido compasión de ti mientras te amava dejándote libre. Ha tenido paciencia para que tú llegaras a darte cuenta de la quiebra y pudiera acoger su misericordia con un corazón por fin contrito. 
Siempre ha estado contigo, y, si hoy no endureceras tu corazón, te hablará como nadie ha hecho nunca; la Cuaresma está ayudándote a escuchar humildemente las palabras del perdón que surgen de los labios de lo único que ha tomado tus pecados para clavarlos y destruirlos para siempre. Sí, el Mesías siempre viene de la pobreza y de la maldición para hacer de cada vida una bendición.
P. Antonello Lapicca, Sacerdote en Misión, Japón. Camino Neocatecumenal

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