El que no está conmigo, está contra mí (Lc 11, 14-23).

------------- LOS MUDOS HABLAN LAS PALABRAS DEL AMOR

 Cuántas veces nos quedamos sin palabras. "Mudos", es decir "impuros" según lo original, como las relaciones prematrimoniales, diálogo de cuerpos incapaces de dar voz al espíritu, porque ya ahogado en el egoísmo de quién nada de si ha puesto en juego, enmudecido en la mentira de gestos que exprimen lo que no es, es decir un don para siempre desfigurado por la concupiscencia.  "Mudos" como muchas relaciones entre marido y mujer, separados por el surco de los juicios que sólo el perdón podría llenar; pero son incapaces de ello, y entonces allí estan, hablando sin comprenderse, peleás sin fin y separaciones y divorcios y violencias y desesperación.

 "Mudos" como las relaciones entre padres e hijos, escondidos  en la falsa amistad -  las mamás amigas, los papás amigos  - para no afrontar con los hijos el riesgo del rechazo y del crecimiento por la obediencia a las palabras de la autoridad.

 "Mudos" porque incapaces de atención y paciencia como muchas relaciones entre colegas, vecinos, parientes, hermanos, en un paroxismo de justicialismos y legalismos que estrangulan las palabras de la misericordia.

"Mudos" delante de las necesidades de los pobres, con el corazón cerrado en la caja fuerte de la avaricia.  ¿Pero por qué nos hemos vuelto "mudos?" El otro, con sus incógnitas, la carga de precariedad, empuja al amor gratuito, a desprender el vuelo en un cielo de que no se conocen las proporciones, a olvidarse de si mismos y de los propios esquemas. A sacrificarse, porque el amor siempre es señalado por una herida como aquella sobre el costado de Adán, revelada para dar la vida a Eva su novia. Es la voluntad de Dios que nos ha creado diferentes, "hombre y mujer", para volverse uno para el otro un "edificio" dónde acogerse y consagrarse. Pero el "edificio" ha sido conquistado por el demonio, el "hombre fuerte" y "bien armado" de mentiras: antes nos exalta ilusionándonos de poder volvernos como Dios, y luego nos desprecia sacudiéndonos en cara qué no nos lo hemos logrado, empujándonos en el mutismo que nos aísla del mundo por miedo de fracasar una vez más.


Con el miedo de la muerte Satanás "hace el guardia" a nuestra vida, vuelta ya en "su edificio"; "sus bienes son a lo seguro" porque, mientras intentamos de huir de la muerte, nos "atamos" más.  


Miramos alrededor: frente a la derrota de una cura o a un embrión probablemente enfermo, nos encontramos "mudos", sin palabras frente al dolor y al sufrimiento de lo inocente. Así en cada relación que nos presenta sacrificio, renuncias, dolor y muerte. Y entonces matamos creyendo de hacer el bien y exorcizar la muerte. Es la marca de fábrica del adversario, intercambiar el mal con el bien, identificar a Jesús con el príncipe de los demonios y este con Dios. Así, en el "edificio" ocupado por el demonio, es legítimo y deseado el mal: aborto, eutanasia, divorcio y los tanto otros homicidios escondidos en las pasiones con que quitamos a los otros la vida porque la nuestra està terminando.  

De echo, "quien no está con Cristo está contra Él", contra su imagen imprimida en cada hombre. "Quien no recoge" su amor sembrado en la historia "desparrama", como se desparrama el seme en la relaciones mudas que manchan la belleza fecunda de la sexualidad. Quien no está con Cristo está contra el hombre, porque quién no recoge su imagen en cada persona dispersa de ello la vida, frustrando su suerte. Por eso nos encontramos "mudos", desaparecidos y solos nel "palacio" de nuestra vida, vuelto ya una tumba.  la Cuaresma nos ayuda a reconocerlo, para aprender a desear y esperar la noche en cuyo Cristo, "uno, el unico, más fuerte" que el demonio, de nuevo destruirá la muerte que nos asusta y de la tumba en que somos precipitados resurgirá haciéndo de nosotros su "botín."

 La Pascua es la obra de Dios que despierta "maravilla" en quien sólo ha conocido la muerte, porque en ella nos llega su "Reino", mientras su "dedo" che nos ha creado nos "toca" para sanearnos y recrearnos.  Sobre la Cruz dónde la envidia y las calumnias de quién identificó a El con "Beelzebul" lo han clavado, Cristo ha arrancado la armadura en que "confió" el demonio, enseñándonos que no es verdad que Dios non nos quiere. Nos quiere tanto que no sólo perdona cada pecado, si no que nos atrae en la misma intimidad que une al Padre y el Hijo: "Como el Padre me ha querido, también yo os he querido". Con su muerte Cristo ha reconquistado el "palacio" de donde ha "echado los demonios"; con su resurrección ha hecho de ello el cenáculo donde Él aparece cada día para "vencer" el miedo y curar las relaciones "mudas" y estériles donándonos la capacidad de amar en Él más allá del pecado.  Sólo aquí, alcanzados por la Pascua, los novios saben esperar y sacrificarse, las parejas casadas salen de éllos mismos para entregarse gratuitamente, los padres transmiten la fe educando con discernimiento, y los hijos obedecen libres del orgullo; sólo en el "Reino" cada uno è "por" el bien auténtico del otro, luchando para que Cristo viva en él, sabiendo de ello "recoger", tambien entre los pecados, la imagen original.

De la Pascua nace así la misión de la Iglesia, el "botín" de Jesús: los esclavos liberados estan "distribudosi" en el mundo a hacerse "Beelzebul", o bien pecado, para quien yace todavía en las tinieblas. No hay que asombrarse y temer si quienquiera falseará nuestros gestos y nuestras palabras. Cuando ocurrerà será la señal que Cristo está vivo en nosotros, que está luchando con satanas para reconquistar con el anuncio del Evangelio propio quién nos persigue.


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