ACOGER Y AMAR EL MISTERIO ESCONDIDO EN LA CARNE DE CRISTO. Lc 4,24-30

 Precioso comentario a un Evangelio que es cómo toda la palabra, poliédrica. Tiene muchas entradas para nuestras vidas a la luz de lo que Jesús nos va presentando en su vida para que tengamos criterio en nuestro caminar.

Os dejamos con el comentario del Padre Antonello Lapicca.

Aquel sábado en la sinagoga de Nazaret habia explotado una bomba: Jesús, el hijo de José el carpintero, la habia lanzada en el medio de la asamblea de que hizo parte muchas veces; explotó cuando aquel hombre que todos conocian cuando anunció que la profecía escuchada se cumplia justo en Él, justo en aquel hoy. Qué misterio es el obrar de Dios: dejar treinta años su Hijo enviado para salvar la humanidad en el simple y humilde nascondimiento de Nazaret, a vivir una vida normal, mezclada a aquella de sus compatriotas. Una solo señal al alba de la encarnación, un anuncio oculto y guardado en el corazón de la Virgen Maria. Y sospechos, juicios y dolor para aquella joven Madre. Y luego nada más, días iguales a aquellos de cada otro habitante de Nazaret, hasta a aquel sábado. 

Dios, en efecto, ha querido envolver en el misterio la identidad del Hijo para desvelar el misterio del corazón del hombre. La carne y la sangre, solos, no pueden ver a Dios. Para verlo hace falta un corazón puro. Los "hijos del mismo padre", (patria deriva de padre), no lo han podido comprender, porque para sus ojos impuros conocer significaba agarrar y poseer por medio de la carne y del pensamiento. Acogerlo habría significado reconocerse pecadores, necesitados de purificación y perdón. La viuda de Zarepta y Naaman el Siro, en cambio, incluso siendo paganos y extraños al Pueblo de Israel, han visto a Dios, porque la indigencia y la necesidad purificaron de ello el corazón. Puede ver Dios solo el ojo purificado por el crogiuolo del sufrimiento.

La verdadera Patria de Jesús, en efecto, no es la Nazaret geográfica, y los "suyos" no son los que os han nacido: la Patria de Jesús es la Cruz y sus compatriotas son los pecadores. Por ellos se ha hecho pecado, con ellos ha compartido la suerte de muerte para transformarla en suerte de perdón y vida. Este es el misterio oculto en Jesús de Nazaret, el Mesías doliente. 

También nosotros al aparecer del misterio que envuelve nuestra vida y la de las personas que nos son cercanas, tememos y nos defendemos cerrándonos a rizado, rechazando lo que escapa de nuestros criterios. Sin embargo el misterio oculto en los acontecimientos y en lo otro es la condición para que ellos entren a hacer parte de nosotros mismos, nos asombren e nos impliquen en el prodigio de que son profecía. 

El amor por el misterio es la condición por la castidad, de los sentimientos como de la carne, entrega abierta a la pureza del corazón capaz de ver transfigurada la realidad. Tu puedes vivir años junto a una persona, a la mujer, al marido, a los hijos, sin haber amado ni por un día el misterio que los envuelve. Nos ilusionamos de conocer, mientras que nos esforzamos de poseer en vista de no perder cuánto querríamos que nos saciara. 

Y así nos encontramos a empujar el otro sobre la "cumbre del monte para echarlo en el precipicio", en el intento de hacer callar aquel misterio que golpea, tenaz, a la puerta de nuestro corazón. El resultado de cada posesión de echo es el homicidio del otro: mujer, marido, quienquiera interpela nuestro corazón, nos desvela indigentes e inadecuados, pecadores. 

El misterio encerrado en el prójimo es una llamada al amor, y somos desprovistos de ello. Necesitamos un corazón contrito, un corazón puro capaz de ver Dios en el amor encarnado en su Hijo. Paradójicamente, un corazón puro es un corazón que reconoce de estar enfermo. Y allí, en la realidad, reconocer Jesús en el hermano, el compatriota que ha compartido nuestra patria de muerte. 

Para nuestro corazón "viudo y leproso" está preparado este hoy en el que Jesús nos anuncia de nuevo la Buena Noticia que el Profeta viene a cumplir en su Patria. Ver el Mesías y el amor de Dios en la historia y en las personas significa pues encaminarse con Él sobre la senda de la Cruz, donde entregarle nuestros pecados, descubriéndo en ella la Patria de amor dónde, queridos, aprendemos a querer.

AQUI EL COMENTARIO EN YOUTUBE

https://youtu.be/0HTR6a3KrXg
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